Las dos caras de Albert Camus
- L.E. SABOGAL

- 27 dic 2025
- 5 Min. de lectura
La vida y obra de Albert Camus es ampliamente conocida por los amantes de la literatura, no obstante, iniciaré este artículo con una semblanza muy breve de su biografía. Albert Camus nació en Argelia en 1913, hijo de una familia modesta de origen francés; al morir su padre quedó bajo la tutela de su madre apenas cumplido un año de nacido. No tuvo una infancia feliz pero su madre lo apoyó mientras estudió hasta terminar la secundaria; sus profesores le tenían gran estimación por su brillantez y dedicación. Aficionado al fútbol, llegó a hacer parte de un equipo importante, pero la enfermedad lo obligó a retirarse para siempre del deporte: había contraído tuberculosis, dolencia que lo acompañaría por el resto de su vida. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Alger, donde se inicia como escritor y periodista, pero en 1940 el Gobierno General de Argelia, que lo encuentra antigobiernista, lo veta para trabajar en el país.

Instalado en París, publica su primera novela, El extranjero, en 1942, y en este mismo año, El mito de Sísifo, obras que lo muestran como un filósofo del absurdo. En la posguerra continuó publicando artículos con una posición de izquierda basada en ideales de justicia, responsabilidad y verdad. Su novela La Peste apareció en 1947, y en 1951 publica El hombre rebelde, obra que le valió el alejamiento del marxismo por afirmar que este era una doctrina fracasada.
Albert Camus recibió el Premio Nobel de Literatura en 1957, y murió en un accidente automovilístico en 1960. Mucho se ha escrito sobre su vida y obra, que abordo aquí apenas como una introducción a esta disertación sobre un aspecto que considero esencial para el análisis literario del pensamiento de Camus.
Camus no creó personajes aislados de su propia existencia vital y moral, por el contrario, sus personajes pueden entenderse como proyecciones de su personalidad, de sus tensiones internas y de su pensamiento ético. El contacto con la enfermedad crónica y la fragilidad corporal le dieron una mirada muy realista sobre la vulnerabilidad humana y la finitud del cuerpo; es en este mundo absurdo donde el ser humano debe encontrar su propia dignidad.
Camus también se sintió influido por la cultura mediterránea: la luz, el mar, la sensualidad de la naturaleza y una percepción gozosa de la vida, son elementos claves de su obra. La tensión entre lo físico, lo existencial y lo moral puede verse reflejada en sus novelas. Es en este sentido que Meursault y Rieux, protagonistas de El extranjero, y de La peste, aparentemente opuestos, representan en conjunto un retrato profundo de Camus, el hombre lúcido ante el absurdo, y el hombre comprometido con la solidaridad humana.
Meursault es, quizás, uno de los personajes más desconcertantes de la literatura del siglo XX. Desde la primera frase de El extranjero:
-“Hoy ha muerto mama´. O quizá, ayer. No lo sé”- el lector se enfrenta a una voz indiferente a las convenciones. Meursault no finge los sentimientos, ni los exagera, ni se adapta a lo que esperan de él. Vive en una relación directa con el mundo físico: el sol, el calor, el cuerpo, el instante.
Esta actitud no es simple apatía, Meursault encarna el concepto filosófico que Camus desarrolló: la conciencia del absurdo, la constatación de que el mundo carece de sentido, y de que las normas sociales son construcciones arbitrarias. Meursault no miente para encajar, por eso resulta insoportable para la sociedad que lo juzga.

En el juicio consiguiente al asesinato del árabe en la playa, queda claro que se le condena a la guillotina, no tanto por el crimen, como por no haber llorado en el funeral de su madre. El fiscal lo acusa implícitamente de no actuar como un humano, según los códigos sociales. Meursault, sin embargo, se mantiene fiel a su percepción honesta de la realidad. Y afirma, en consecuencia:
“Y bien, tendré que morir”. Antes que otros, es evidente. Pero todo el mundo sabe que la vida no vale la pena de ser vivida”.
“ Entonces, comprendí que había sido feliz y que lo era todavía”.
En esta aceptación final, Meursault asume la indiferencia del mundo y se reconcilia con ella, se siente libre al fin. Esta actitud refleja una dimensión íntima de Camus: el rechazo a las convenciones sociales por conveniencia, su claridad sobre el sentido de la vida, y su apego a la verdad, aunque esta resulte incómoda.
Si Meursault representa la lucidez solitaria, el doctor Rieux, protagonista de La peste, encarna la dimensión ética y solidaria de Camus. Rieux no reflexiona en abstracto sobre lo absurdo de su situación: la enfrenta en la práctica cotidiana, en medio de una ciudad asolada por una epidemia que amenaza con destruirlo todo.
Desde el inicio Rieux actúa, no busca explicaciones metafísicas ni justificaciones religiosas. Simplemente hace lo que considera correcto. En una de las frases memorables del personaje, declara:
“La única manera de luchar contra la peste es la honestidad”.

Honestidad que significa hacer su trabajo, curar, aliviar, acompañar. Esta respuesta refleja la postura de Camus, tras la Segunda Guerra y la Resistencia francesa. Rieux es consciente de que su lucha puede ser inútil, de que la peste puede regresar, de que la muerte es inevitable. Sin embargo, no por ello renuncia a la acción. Como él mismo afirma:
“No sé qué me espera ni qué sucederá cuando todo esto termine. Por el momento hay enfermos y hay que curarlos”.
Aquí se manifiesta la otra cara de Camus: el hombre que, aun aceptando el absurdo, elige la solidaridad. Rieux no espera recompensas ni nada más para el futuro, su compromiso es inmediato, humano y limitado, pero profundamente ético.
Los dos personajes de Camus no se contradicen, se completan. Meursault representa el punto de partida filosófico del autor, la ruptura con las ilusiones, la aceptación del absurdo, la fidelidad a la propia experiencia. Rieux representa le respuesta ética: ¿qué hacer frente al absurdo del mundo?
Si Meursault se niega a mentir, Rieux se niega a ser indiferente, ambos rechazan las falsas esperanzas, pero uno lo hace desde la soledad existencial, y el otro desde la acción colectiva. En El mito de Sísifo, Camus afirma que el verdadero desafío no es explicar el mundo sino vivir en él sin negarlo. Meursault vive sin negarlo; Rieux vive sin resignarse.
Las obras de Albert Camus nacen del punto donde se entrelazan su biografía y su tiempo histórico. Meursault y Rieux no son héroes tradicionales, son seres comunes enfrentados a la arbitrariedad del mundo; esa humanidad imperfecta refleja la del escritor. Camus fue el hombre que rechazó las convenciones fáciles y el intelectual que se comprometió con su tiempo. Fue el que aceptó la falta de sentido y el que defendió la dignidad humana.
Por eso, Meursault y Rieux constituyen Las dos caras de Camus unidas por una misma ética: vivir sin mentir y actuar sin reticencias. En esta tensión, profundamente humana, reside la importancia de su obra.






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